viernes, 17 de febrero de 2012

Testimonio de vida fiel

Lela Sopianac salvó a judios perseguidos

Durante la ocupación nazi ocultó en su casa de Zagreb a 40 familias judías y las salvó de la tortura y de la muerte. Luego se refugió en Argentina.

Yo me animé a salvar a los judíos, ocultándolos en mi casa porque puse en práctica lo que dice el Evangelio: ´Ama a tu prójimo como a ti mismo´, tan normal y simple como eso”. Lela Sopianac resume así su decisión de esconder en su casa de Zagreb a cuarenta familias judías durante la Segunda Guerra Mundial.

Esta mujer croata que prefiere que la llamen ”abuela” y no por su nombre, acaba de cumplir 90 años. Llegó con su marido a la Argentina a fines de la década del ´40 huyendo del horror nazi y hace un tiempo un grupo de voluntarios de la fundación Wallenberg, que rastrean gente que haya ayudado a judíos en el mundo, la encontró sola en su casa de Olivos. Su esposo había fallecido en 1985.

”Siempre fui igual, cuando algo no me gusta lo digo y actúo en consecuencia -afirma Lela- por eso todos, inclusive la Gestapo, sabían que no me iba a quedar con los brazos cruzados. Nunca hice nada a escondidas, siempre actué con la verdad y es por eso que tal vez yo misma me delaté”.

En esa época era una joven católica, con su marido 20 años mayor.

Los esposos de sus cuñadas eran judíos austríacos ”pero nadie se fijaba en las religiones, todos éramos hermanos, todos iguales -recuerda y se enfurece como si reviviera esos momentos-, hasta que llegaron esos criminales ordinarios, ostentando diplomas y cargos que no valían para nada”.

Se corría la voz que la casa de los Sopianac era un refugio para los judíos perseguidos ”mi casa estaba abierta a todos mis hermanos como está hoy en Argentina; no se puede decir ´éste es judío o ése es cristiano´. Hay que practicar la Palabra de Dios que es una para todos”.

Ella y su marido fueron detenidos y llevados a un campo de concentración. A causa de las torturas recibidas perdió un riñón y el dedo pulgar de su mano derecha.

Cuando la llevaban a la frontera de Croacia con Italia para asesinarla escapó a la Argentina.

”Estoy agradecida a Dios -dice porque El nunca queda debiendo. Yo estaba muerta, me llevaban a fusilar y me salvó”. Aún en la cárcel, no perdió la libertad: ”Yo tenía más libertad que ellos que creían ser libres, porque como dice el Evangelio, el amor nos hace libres”. Con la misma personalidad firme de sus años jóvenes, recordó que sus decisiones brotaron del evangelio.

”Me da mucha pena -dice- ver a algunos jóvenes de hoy que piensan que no creer en Dios es ser adelantado y no se dan cuenta que El protege siempre la vida de los que confían. Yo, por ejemplo viví hasta los 90 años con un solo riñón; pudieron lastimar mi cuerpo pero nunca mi espíritu. Los valores que son firmes se conservan toda la vida”.

Lela fue distinguida mundialmente por su coraje y reconocida por Yad Vashem, de Jerusalén, como ”Justa entre las Naciones”, aunque ella no le da importancia a los honores. ”Me enorgullece y estoy agradecida pero la verdad es que no le doy valor a eso. Me llenaba el alma ver a mis hermanos judíos libres de esos asesinos”.

Cuando le preguntan si alguna vez tuvo miedo ella sencillamente responde: ”Según como viviste y lo que hiciste Dios te lo va a cobrar, por eso a lo único que tengo respeto y miedo es a no cumplir la Palabra de Dios”.

Fuente: http://www.raoulwallenberg.net/es/prensa/una-schindler-mujer-argentina/

Primero la justicia, después la caridad.

"El Talmud subraya que el hombre fue creado a imagen de Dios y por consiguiente, un solo ser humao vale lo que el conjunto de la creación: Por eso el hombre fue creado solo, para enseñarte que cuando alguien destruye un alma las Escrituras le consideran como si hubiese destruido el mundo entero, y cuando alguien preserva un alma, las Escrituras les consideran como si hubiera conservado el mundo entero. (San 37a). El mismo tratado enseña que además fue creado para guardar la paz entre los hombres, porque el Talmud insiste también sobre la vida en sociedad, en comunidad, sin distinción de clases sociales. Los rabís de Yabné solían decir: Soy una criatura de Dios y mi vecino también lo es; mi labor está en la ciudad y la suya en el campo; yo me levanto temprano para trabajar y él también. Y él no puede superarme en mi trabajo, ni yo superarlo en el suyo. Pero quizás tú digas: Yo hago cosas grandes y él hace cosas pequeñas. Hemos aprendido que no importa si el hombre hace poco, si tan solo dirige su corazón hacia el cielo."

La Tsedaká es la justicia, "ya que al asistir a nuestro prójimo no es un favor, sino un deber estricto: Dale a tu prójimo lo que pertenece a Dios, ya que tú como lo que posees es suyo; y así dice David: porque de Ti procede todo, y de tu mano te damos (Abot III,9).
Nadie, enseña el Talmud, está dispensado del deber de Tsedaká para con su prójimo, e incluso el mendigo debe dar a otro más necesitado que él mismo."

"Si la caridad es verdaderamente Tsedaká, debe tender a hacer desaparecer las condiciones que provocan su necesidad. Por eso, el Talmud recomienda como la forma más grande de Tsedaká el procurar trabajo o enseñar un oficio al indigente: He cumplido muchos actos de beneficiencia, pero no he encontrado ninguno más digno y hermoso que el acto de retornar a su posición normal a un hombre empobrecido (Reshit Jojmá, 5)."

El templo del cuerpo


Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a los cristianos de Corinto.

Hermanos: el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor es para el cuerpo. Y Dios, que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros con su poder. ¿No saben acaso que sus cuerpos son miembros de Cristo? El que se une al Señor se hace un solo espíritu con Él. Eviten la fornicación. Cualquier otro pecado cometido por el hombre es exterior a su cuerpo, pero el que fornica peca contra su propio cuerpo. ¿O no saben que sus cuerpos son templos del Espíritu Santo, que habita en ustedes y que han recibido de Dios? Por lo tanto, ustedes no se pertenecen, sino que han sido comprados, ¡y a qué precio! Glorifiquen entonces a Dios en sus cuerpos. (1Cor.6,13-15.17-20)

jueves, 16 de febrero de 2012

Salmo 73 La bondad de Dios


La bondad de Dios

1 ¡Qué bueno es Dios con Israel,con los de limpio corazón! 2 Un poco más, y yo hubiera caído;
mis pies casi resbalaron.

3
Pues tuve envidia al ver cómo prosperan
los orgullosos y los malvados.


4 A ellos no les preocupa la muerte,
pues están llenos de salud;
5 no han sufrido las penas humanas
ni han estado en apuros como los demás.
6 Por eso el orgullo es su collar
y la violencia su vestido;

7
están tan gordos que los ojos se les saltan,
y son demasiadas sus malas intenciones.

8
Con burla, orgullo y descaro
amenazan actuar con maldad y violencia;

9
atacan al cielo con sus labios
y recorren la tierra con su lengua.

10
Por eso la gente los alaba
y no encuentra ninguna falta en ellos.

11
Preguntan: “¿Acaso Dios va a saberlo?
¿Acaso se dará cuenta el Altísimo?”

12
¡Mirad a esos malvados!
Con toda tranquilidad aumentan sus riquezas.

13
De nada me sirve tener limpio el corazón
y limpiarme las manos de toda maldad,

14
pues a todas horas recibo golpes,
y soy castigado todas las mañanas.


15
Si yo hubiera pensado como ellos,
habría traicionado a tus hijos.

16
Traté de comprender esto,
pero me fue muy difícil.

17
Solo cuando entré en el santuario de Dios
comprendí a dónde van ellos a parar:

18
los has puesto en lugar resbaladizo
y los empujas a la ruina.

19
¡En un momento quedarán destruidos!
¡El miedo acabará con ellos!

20
Cuando tú, Señor, te levantes,
como cuando uno despierta de un sueño,
despreciarás su falsa apariencia.

21
Yo estuve lleno de amargura
y en mi corazón sentía dolor,

22
porque era un necio que no entendía.
¡Era ante ti igual que una bestia!

23
Sin embargo, siempre he estado contigo.
Me has tomado de la mano derecha,

24
me has dirigido con tus consejos
y al final me recibirás con honores.

25
¿A quién tengo en el cielo? ¡Solo a ti!
Estando contigo nada quiero en la tierra.

26
Todo mi ser se consume,
pero Dios es mi herencia eterna
y el que sostiene mi corazón.


27
Los que se alejen de ti, morirán;
destruirás al que no te sea fiel.

28
Pero yo me acercaré a Dios,
pues para mí eso es lo mejor.
Tú, Señor y Dios, eres mi refugio,
y he de proclamar todo lo que has hecho.

jueves, 9 de febrero de 2012

Santa Teresa de Lisieux


¿Y de qué te servirán, Jesús, mis flores y mis cantos...? Sí, lo sé muy bien: esa lluvia perfumada, esos pétalos frágiles y sin valor alguno, esos cánticos de amor del más pequeño de los corazones te fascinarán.

Sí, esas naderías te gustarán y harán sonreír a la Iglesia triunfante, que recogerá mis flores deshojadas por amor y las pasará por tus divinas manos, Jesús. Y luego esa Iglesia del cielo, queriendo jugar con su hijito, arrojará también ella esas flores -que habrán adquirido a tu toque divino un valor infinito- arrojará esas flores sobre la Iglesia sufriente para apagar sus llamas, y las arrojará también sobre la Iglesia militante para hacerla alcanzar la victoria...

¡Jesús mío, te amo! Amo a la Iglesia, mi Madre. Recuerdo que «el más pequeño movimiento depuro amor es más útil a la Iglesia que todas las demás obras juntas».

¡Que no pueda yo, Jesús, revelar a todas las almas pequeñas cuán inefable es tu condescendencia...!
Estoy convencida de que, si por un imposible, encontrases un alma más débil y más pequeña que la mía, te complacerías en colmarla de gracias todavía mayores, con tal de que ella se abandonase con entera confianza a tu misericordia infinita.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Ángeles custodios


Los ángeles cantan y alaban en la aucaristía junto con los fieles. Es una verdad invisible, una realidad espiritual que ocurre durante la misa, en que el cielo se abre para llover bendiciones y gracias sobre los fieles asistentes a la pasión y entrega del cuerpo y sangre de Cristo. Es un "milagro de amor tan infinito".

Cada hombre tiene un ángel custodio asignado por Dios, que lo acompaña y defiende durante toda su vida.

"Los ángeles, nos dice la Biblia, son espíritus puros que viven junto a Dios para adorarlo y tienen la misión de ser mensajeros de Dios y cuidar a los seres humanos, a cada uno en particular. La historia de los ángeles custodios o de la guarda no es algo nuevo. En el siglo II de nuestra era cristiana se empezó a hablar y a escribir sobre ellos. Orígenes hablaba de este modo:" Los cristianos tienen un ángel que les asigna Dios para que los cuide y los proteja". El Salmo 90 nos habla así:" A sus ángeles ha dado órdenes Dios para que te guarden en tus caminos"."

Hay ángeles de Dios (Canción de Jesús Adrián Romero)
Si sentís un murmullo muy cerca de ti,
un ángel llegando para recibir
todas tus oraciones y llevarlas al Cielo.

Así, abre el corazón y comienza a alabar
el gozo del cielo todo sobre el altar hay un ángel llegando
y bendición en sus manos.

Hay ángeles volando en este lugar,
en medio del pueblo y junto al altar,
subiendo y bajando en todas las direcciones.

No sé si la Iglesia subió o si el Cielo bajó,
si sé que está lleno de ángeles de Dios,
porque el mismo Dios está aquí.

Cuando los ángeles pasan la Iglesia se alegra,
ella canta, ella llora, ella ríe y congrega,
enfrenta al infierno, disipa el mal.

Siente la brisa del vuelo de tu ángel ahora,
confía hermano pues esta es tu hora,
la bendición llegó y te la vas a llevar

San Francisco de Sales, el santo de la amabilidad


"No nos enojemos en el camino unos contra otros; caminemos con nuestros hermanos y compañeros con dulzura, paz y amor; y te lo digo con toda claridad y sin excepción alguna: no te enojes jamás, si es posible; por ningún pretexto des en tu corazón entrada al enojo"

"No debemos corregir nunca dejándonos llevar por nuestros sentimientos, sino únicamente por nuestra caridad".

"Reprender a los demás es muy facil, pero es muy difícil mirarse bien a sí mismo".

"Antes de juzgar al prójimo pongámoslo a él en nuestro lugar y a nosotros en el suyo, y a buen seguro que será entonces juicio recto y caritativo".