

La vida es una bendición. Vivir es un regalo, el mayor regalo que hemos recibido. El cristiano tiene una misión en esta vida. Nuestra vida no solo nos pertenece a nosotros, sino a Dios, de quien la hemos recibido, y en él también a la sociedad, a las personas. Nuestra vida, trabajo y vocación pertenecen también a los demás. Tiene una persepectiva social además de personal. La vida es hermosa, pero también es una lucha entre vivir a Dios y con Dios versus vivir alejado o en contra de él.
Las armas que tiene un cristiano para vivir y luchar en este campo son básicas: la eucaristía, la oración, la caridad, la fe, el amor a Dios y a los hermanos.
En la oración, el Rosario y los Salmos ocupan un lugar especial. Son escudo y armadura, al mismo tiempo que espada y lanza de ataque.
El rosario nos protege de todos los males creando un cerco de rosas a nuestro alrededor que el mal no puede atravesar, porque son las mismas rosas que le ofrendamos a la Virgen en cada Avemaría las que nos protegen. El Rosario es la debilidad de amor de Jesús, porque por su madre podemos llegar a compadecer su corazón misericordioso.
Los salmos son poderosísimas armas para defendernos y "atacar" u orar por algo o alguien. Los salmos son oraciones que Jesús mismo rezaba y el pueblo Judío y la Iglesia no han dejado nunca de recitar, porque sus versos están en el corazón mismo del hombre y en su vida.
El cristiano tiene así armas principales que por su potencia -algunas tienen el efecto de un rayo láser o un arma atómica- nutren nuestra vida y fe, nos defienden del mal y ayudan a avanzar en el amor a Dios y los hermanos.
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